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6 may. 2013

La Consulta al Oráculo – Runas

Las runas, el alfabeto misterioso y ancestral de los antiguos pueblos de los territorios europeos (desde celtas a germanos y vikingos), han recobrado en la actualidad su atrayente poder de adivinación no sólo en Europa, sino en todo el ámbito de Estados Unidos, incluyendo Canadá, influencia que se va extendiendo también por otros países, ya que el deseo y la curiosidad por conocer el porvenir es universal.

En la Antigüedad, los hombres y mujeres deseaban y necesitaban conocer cuál sería la respuesta que la divinidad les daría a sus consultas, que, en algunos lugares de la Tierra, eran efectuadas solemnemente en el templo dedicado a esa divinidad. En la ancestral cultura de los citados pueblos, la consulta al oráculo rúnico tanto por los druidas (sacerdotes celtas) como por los bardos escoceses, galeses, bretones o irlandeses formaba parte esencial de su vida.

Los druidas en particular poseyeron un sistema adivinatorio altamente desarrollado, fundamentado en la observación atenta de los elementos naturales del entorno (incluyendo las aves, especialmente el águila y el halcón, y también el búho, animal mágico), como las piedras y el fuego, percibiendo señales en las mismas raíces arbóreas que sobresalían del subsuelo, en el lodo o limo que se depositaba en el fondo de un recipiente tras la evaporación del agua sagrada con que había sido llenado; asimismo utilizaban como oráculo el agua, el viento y las nubes.

Éstas eran muy importantes con ocasión de enfrentamientos guerreros, hasta el punto de que si eran plomizas y negras, amenazaban derrota; si el color era rojizo, anunciaba una contienda sangrienta; si eran blancas, pronosticaban victoria. Los vientos también eran portadores de augurios; el viento que soplaba del este invitaba a la meditación; el que soplaba del oeste era buena señal, porque traía suerte; si provenía del sur, traía grandes dificultades, y si venía del norte, habría novedades y se producirían acontecimientos.

El lenguaje del agua eran sus reflejos, y fue el embrión de otro sistema oracular muy posterior, cual es el popular método de la bola de cristal. Pero los elementos que más concretaron Y concentraron los signos de adivinación fueron las piedras; es decir, las runas, que se usaban para invocar unos poderes elevados que influyeran en las vidas y en los destinos de las personas, y que eran símbolos de determinadas vibraciones que podían inducir efectos mágicos. Las runas eran principios sagrados con poder de protección, y por esta razón no se las podía profanar.

En la actualidad, esa necesidad persiste, porque siempre acompañará al ser humano en su camino por la vida, camino que tiene que recorrer procurando sortear los obstáculos más diversos que inevitablemente surgirán en él. Modernamente, las consultas no se realizan en ningún templo, aunque, en el caso de la célebre localidad británica de Stonehenge, se congregan anualmente miles de personas con motivo de la llegada de los solsticios, momento propicio para establecer comunicación con las divinidades de aquellos antiguos pueblos germánicos.

Pero las consultas al alfabeto rúnico siguen efectuándose bien por medio de ocultistas profesionales, bien individual y personalmente; de aquí la conveniencia de saber utilizar con rigor los 24 símbolos rúnicos y su correspondiente comodín, ya sea en piedras o en cartas.

Las runas menores son muy numerosas y entre ellas se encuentran las que están asociadas al culto de las Nomas, diosas de la fatalidad de la mitología germánica. Las tres principales son las tres hermanas gigantes Urd (presente), Verdandi (pasado) y Skuld (porvenir), a las. Cuales está sometido el destino de los dioses y de los hombres. En un principio solo existía Urd, la que riega las raíces del Iggdrasill con las aguas de la fuente que lleva su nombre. Junto a estas tres Nornas existe una corte de Nornas que descienden, unas, de los Elfos (espíritus de la naturaleza que fabricaron la espada de Odín y el martillo de Thor), y otras, de los Gnomos (genios de los bosques, montañas y casas).

Las exploraciones arqueológicas efectuadas en el norte de Europa han descubierto signos rúnicos en inscripciones votivas, como la Piedra de Bjorketorp en Suecia, que data el siglo VII, y reproduce la Ginarunar o runa llenas de poder mágico y adivinatorio. También la Piedra de Noleby, en Noruega, que data del siglo vi, tiene grabadas las Stinnra-runnar o runas que no pueden ser doblegadas ni vencidas.

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